Doc, Doc, Doctor Fritz

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Un viaje hacia Potsdam/Babelsberg

Mi infancia estuvo llena de historias dramáticas, tan comunes entre la gente latina, y para escapar de ellas, al no tener otra forma de hacerlo, alimentaba mi mente con otras historias, canciones, conversaciones, etc. A pesar de esto, no puedo decir que no haya sido de alguna manera privilegiada ya que estudié en la Spartan Village Elementary School, en Michigan, Estados Unidos, donde el arte y la creatividad eran los objetivosde la educación, tanto en matemáticas como en todas las clases maravillosas que uno tiene normalmente en la escuela.

Antes y durante SpartanVillage, viajar no era algo fuera de lo común para mí, ya que mis padres cambiaban constantemente de casa, estado y país; fue así que llegué a Potsdam, Alemania, veintitantos años después de mi nacimiento. Al principio no estaba sorprenda, fascinada tal vez, por la belleza del lugar, pero no sorprendida. Fue hasta que comencé a recorrer sus calles cuando Potsdam empezó a sacudir mi ser. Tenía sentimientos encontrados, un anhelo hacia mis pertenencias, aunque en realidad no tenía nada que me perteneciera. Poco a poco deduje que lo que anhelaba era mi cultura, ¿pero cuál era ésta?

Luego, comencé a trabajar en los Estudios Babelsberg. Esas ocho horas diarias me mantenían cuerda, pero no tenía idea de cómo o por qué. Sin embargo, había algo en mí que me perseguía y me obligaba a querer cambiar constantemente.

Me tomaba cerca de veinte minutos llegar en bicicleta a los Estudios. Por supuesto, los primeros días fueron para estudiar el camino porque tenía que recordarlo si quería llegar a tiempo. Poco a poco, una sensación fue instalándose en mi pecho durante esos veinte minutos de camino. A veces había niebla u olor a madera húmeda, estímulos quetraían imágenes distantes y recuerdos olvidados en mí. No podía deducir de dónde venían estos recuerdos exactamente, porque a veces los misteriosos paisajes en claroscuro de Potsdam parecían engullir mi cuerpo y mente: sus colores, los árboles, el agua, la gente…

Parecía como si estuviera allí en Potsdam, pero no lo estaba, porque en realdad su paisaje me hacía soñar, mientras trataba de deducir su cultura y entender a su gente.Me di cuenta de que estar en un lugar extraño y no saber quién eres, puede causarte unfuerte choque cultural en tu interior. Me sentía absorbida por la matrix de Potsdam; en contraste, cuando salía de ese estudio, mispensamientos me invadían hasta romperme por completo.

Cada día me sentía más confundida dentro de la belleza y el laberinto que era Potsdam. Sin embargo, mi confusión cesaba una vez que regresaba a los Estudios,cuando estaba en casa trabajando en terminar mi documento de tesis,al ver películas o visitar museos, en particularel de Babelsberg donde a menudo se mencionabael nombre de cierto cineasta llamado Fritz. Cuando tuve que dejar Potsdam y salir de Alemania pararegresar a mi país natal, México, sentí que mi vida se borraba cuadro por cuadro.

En la distancia que proporciona el tiempo einmersa en el arte que me apasiona, miro hacia atrás y sólo puedo agradecer alEstudio por darme esa cordura. Sólo después de mi partida llegué a comprender lo queBabelsberg/Potsdam significaron. Entendía muchos cineastas que recorrieron esa tierra, un lugar capaz de llevartea cuentos de hadas a través de la creatividad. Y no es de extrañar, por eso Fritz ha estado rondándomedía a día;él está allí, en mi mente, recordándome algo, aunque no sea exactamente lo que aprendí de él en la escuela de cine. También gracias a este texto es que entiendo al hombre, la persona detrás de esas películas y lo que Alemania significaba para él.

La películaM (1931) de Fritz comenzó a revolucionarel concepto de identidad, no sólo para mí, sino para los alemanes y,¿por qué no?, parael propio Lang. M es ese mismo grito de cordura que sentíal recorrer Potsdam. Mcambió la forma en cómo la gente veíael mundo a través del cinea partir de un cierto pensamiento filosófico alemán (expresionismo) que llegaba a su fin.

La película nos permite pensar,sobre todo al final, en si lo que vivimos coincidecon lo que somos o queremos ser. Tal vez esta es la pregunta que todos los seres humanos (en particular artistas y, en este caso, directores)se hacen: ¿qué somos?, ¿cómo y por qué nos afecta la identidad?, ¿quiénes son, en su caso, nuestros enemigos?, ¿cuáles son nuestros pensamientos reales, si es que los hay?

Al final, la película quizá sea un clamor, un grito para escuchar si alguien ahí afuera piensa como uno; para probarque se está vivo entre risas, gritos y en la exaltación de las emociones que las imágenes en movimiento pueden provocar. A partir de esta idea,Langrealizó la filmación de M, una película que colocaal villano como víctima, suplicando misericordia, y nos deja una pregunta: ¿podemos cambiar el curso de nuestra mente o de nuestro tiempo?

En las películas de Lang no parece haber duda de que se puede cambiar el curso de la historia o el orgullo para mejorar nuestra alma o incluso más, una nación. Al ser un extranjero en Brandenburgo, de ascendencia mitad judío, mitad ario, hizo que Lang comprendiera y recrearauna historia necesaria para Alemania en un momento histórico difícil (principios de la década de 1920).

Alemania se sentía derrotada, pero una larga saga llegó para alentar a su gente: la película era una adaptación del largo poema mitológicoEl cantar de los nibelungos (siglo XII). El filme comienza con una nota de gran significado:“Siempre y cuando haya voluntad, habrá un futuro”, para cuestionar esa misma voluntad al final, al hacer una observación sobre el comportamiento humano, de lo fácil que podemos ascender o caer,una idea que aplica alos alemanes, individualmente y como nación. Si ya era bastante conocido en Europa, sus películas lograrían tocar a muchos otros, incluso a través del tiempo, con la realización de suobra maestra, Metropolis (1927).

Con Metropolis,Lang deja en claro, una vez más, que nos dejamos llevar fácilmente por nuestras emociones.Plantea cómo algunos pueden llegar a cambiar el curso de una nación y, sin embargo, al final celebra la unión de la humanidad; una unión que es más fuerte que cualquier máquina yreside en los seres humanos.

El espectador destaca en la película, tanto el tema del respeto a la naturaleza como la belleza del filme; a partir de esto, apenas podemos imaginar lo que un cineasta siente al ver las mismas imágenes:el mundo dentro de otro mundo, una idea compleja en la que ofrece su filosofía, algo que todos los cineastas desean realizar, al menos una vez en su vida. Fritz, por lo tanto, se erige como un líder con la capacidad de generar una ideología y al mismo tiempoevocar belleza por medio de imágenes, las cuales toma de su entorno inmediato, en un lugar donde el tiempo juega con tu mente.

Por lo tanto, puedo entender la mente de Lang porque, como él, tengo una doble identidad: una perteneciente a mi educación en los Estados Unidos y la otra a México, donde mi familia se divide entre descendientes de judíos sefardíes/británicos, así como chinos/mexicanos. Como él, también me enfrenté con mi contexto genéticamente variado cuando en Alemania visitéel Museo Judío de Berlín; allí aprendí sobre la familia Kihuen y cómo viajaron a través de los océanos;podría hacer un recuento de los familiares que nunca había conocido y con los que hoy mantengo comunicación a través de correo electrónico y teléfono. Además, también tengo una madre de formación católica que contrasta con mi padre que es científico;elme ofreció otro tipo conocimiento, difícil de explicar a los demás cuando no han realizado un viaje como éste, el cual en la actualidad es más plausible que nunca.

Creo que esta complejidades quizásla razón por la que Cornelio Schnauber, amigo deLang, pudo haber dicho lo siguiente: “Lang era indiferente y un poco estúpido” (McGillian, 158). Sin embargo, Fritz Langtenía más sabiduría que muchos y la mejor forma que tuvo paratransmitirlafue gracias a uno de los medios más conmovedores que la humanidad haya creado, el cine, paraal final lograr una explicación propia de la comprensión del alma.

@IsisKiwen

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